Un clásico de Palermo escondido detrás de una puerta sin cartel. Coctelería de autor, luz tenue y una barra que sabe de Negronis. Pedí el de la casa: Campari, vermouth y gin balanceados al milímetro, con esa cáscara de naranja que perfuma todo el trago. Ideal para arrancar la noche sin apuro.